Tu Historia Mala Praxis

Gúido de Tucumán | Tu Historia de Mala Praxis Medica

Mi pequeño de tan solo 10 añitos Gúido Robles, estaba con problemas de amígdalas, eran demasiado grandes y eso le provocaba dificultad para tragar; tal es así que lo lleve de Monteros a San Miguel de Tucumán – buscando una mejor atención – a la otorrinolaringóloga de niños Dra. Mónica Baran, quien luego de revisarlo me dio los estudios previos a la cirugía, y todos estaban normales.

La fecha para la cirugía fue pactada para el día 14 de julio del año 2003 a las 8.00 de la mañana.

Lo iba a operar la Dra. Baran junto al ayudante otorrinolaringólogo de niños Jaime Kaen y el anestesista Enrique Gómez – quien era entonces Presidente de Anestesiología de San Miguel de Tucumán –  en el sanatorio céntrico 9 de Julio.

Ese día acompañamos a Gúido al Sanatorio mi hermana, mi padre, que para Gúido era su papá, y yo.

Nos hicieron pasar a una sala – que ellos llamaron sala de recuperación, la cual nunca supe que existía ya que entiendo que luego de una cirugía el paciente pasa a la habitación, pero si es algo más delicado los derivan a terapia para su recuperación – allí cambie a mi pequeño hijo, le coloque su pijama…

Había gente en camillas, personas que habían sido operadas y no tenían habitación por lo que los iban dejando ahí, en una sala vacía sin ningún aparato que pudiera ser necesario en caso de alguna urgencia.

Vino un camillero a buscar a Gúido y lo vi pasar por un pasillo con vidrios… nunca voy a olvidar su última mirada de amor… y despedida.

Me pidieron que me retire de esa sala y que esperara en otro lugar.

Ese sanatorio contaba con 3 quirófanos… pasaban los minutos lentamente, la espera era eterna… se suponía que una simple cirugía de amígdalas duraría solamente de 10 a 15 minutos, con lo cual comencé a preocuparme mucho.

Casi 40 minutos después, cuando me hicieron pasar a una sala vacía donde había dos camas, en una había un pequeño que había sido operado antes que Gúido. Lo vi a mi pequeño, estaba boca arriba.

En la sala, había un escritorio donde estaba una enfermera – supe después que no tenía título – sentada de espaldas a ambos niños.

Cuando me acerqué a Gúido y quise tocarlo apareció de repente la Dra. Baran, me dio las amígdalas de mi pequeño que en ese momento tenía su boquita abierta, de muy mala manera la doctora cerró su boquita y se fue, fue entonces cuando lo vi… estaba amarillo.

Un miedo tremendo me invadió, salí apurada de ahí para que pase mi papá a verlo, y se comenzaron a escuchar sus gritos: “han matado a mi nieto” … gritaba una y otra vez… A raíz de esto, el sanatorio no permitió que mi padre ingresara, hicieron una denuncia ya que el gritaba desesperado que a Gúido lo habían matado, los hacía responsables… estaba enloquecido… y debido a eso no pudo verlo más.

Ninguno de los médicos que había intervenido en la cirugía de mi hijo se encontraba en el Sanatorio en ese momento.

La Dra. Baran se había ido a hacer arreglar su celular, el ayudante Dr. Kaen tras haber limpiado unos instrumentos se había ido, y el anestesiólogo se había ido a otra cirugía.

Sacaron a mi padre de la sala, yo miraba desesperada por la cerradura.

La cama de mi pequeño estaba rodeada de médicos, lograron entubarlo ya que no podía respirar por sí solo.

Tras derivarlo a terapia intensiva de niños nos llamaron.

Había varios niños internados por asma, y el único respirador que había lo tenía Gúido… pero el respirador se rompió y a él lo estaban “bolseando” (estaban practicando respiración artificial con una bolsa de ventilación) a mano hasta que pudieron arreglarlo… me volví loca.

A fin de que pudieran hacerle un electroencefalograma pagamos a un particular para que fuera hasta el sanatorio y se lo hiciera… el resultado arrojó que Gúido no tenía ondas cerebrales, sus pupilas estaban dilatadas… yo no entendía nada… me mantenían dopada… lo que recuerdo claramente era a la gente del INCUCAI volviéndome loca pidiéndome sus órganos, ¡pero yo esperaba un milagro de Dios!!

Ese maldito sanatorio no tenía el control del SIPROSA (Sistema Provincial de Salud de la provincia de Tucumán).

Los días pasaban y a Gúido se le iban deteriorando sus órganos… hasta que al noveno día sufrió 3 paros cardiacos y no pudieron reanimarlo…

Durante esos 9 días lo cuidamos durante las 24 horas, no lo dejamos solito ni un minuto.

Gúido fue víctima de la impericia, la negligencia y el abandono de persona por parte de los médicos del sanatorio…

¡Llegaron a poner a un policía en la puerta de la terapia intensiva! ¡a nosotros!! ¡¡LAS VÍCTIMAS!!

Con el correr de los días supimos que, en la cirugía, Baran colocó Lidocaína alrededor de las cuerdas vocales y vías áreas, el anestesista, para dormirlo, coloco Pentotal… y así lo operaron.

Gúido se despertó excitado, y no llamaron a la familia para que lo contuviera, decidieron colocarle Midazolan – droga que no es compatible con el Pentotal.

Nadie había controlado sus signos vitales, no estaba entubado, lo hicieron después pero el aparato se rompió como lo dije anteriormente…

A medida que la causa avanzó, supimos que el anestesista – Enrique Gómez – ya estaba implicado en 2 causas anteriores por malapraxis, y no habían siquiera controlado su matrícula.

Es tal la corrupción, que no hay controles, sobre todo porque el dueño del Sanatorio 9 De Julio, Carlo Pessa, es íntimo amigo de nuestro gobernador José Alperovich.

Esto sucedió en 2003, y lo único que logré fue separar al fiscal corrupto de la “supuesta” justicia Eduardo Estofan, primo hermano de Antonio Estofan – vocal de la corte Suprema de San Miguel de Tucumán-.

Solicite ayuda a Derechos Humanos Plan Anti Impunidad como contralor de este juicio, pero ni siquiera ellos pudieron con tanta corrupción.

 

Maria Elena Carrasco – Mamá de Gúido Robles

 

 

 

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